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martes, 22 de junio de 2010

La Real Politik.....rejuegos entre sotanas.

"Veritas liberabit vos"
"Conoceréis la Verdad, y la Verdad os hará Libres


Aunque no ha dejado ningún mensaje en este blog “El que siembra su maíz” mi amigo Nicolás no da crédito al comentario de mi anterior articulo referido a la trilogía Vaticano-Iglesia cubana-régimen castrista.

El viejo Nico me dice, que eso de que la Iglesia cooperó con el escape de muchos testaferros nazis cuando se hundió el régimen hitleriano en 1945 no es real, me dice mi amigo, que estoy fabulando que esto no puede ser.

Es comprensible que para alguien tan devoto como Nico y con la proverbial falta de información de los insulares criollos, algo así resulte escandaloso pero es que no he dicho ningún disparate y en honor a la verdad me quede corto en mis aseveraciones por que la realidad es mucho más cruda.

A fin de que, tanto Nicolás, como otros hermanos no tilden mis comentarios de injuriosos y faltos de veracidad, he decidido colectar información al respecto, ordenarla y ponerla a consideración de todos los que lean nuestro Blog.

Hay les va el fruto de mis pesquisas.

La famosa Ratlines (ruta de las ratas)

Lejos de ser un misterio histórico, la fuga de miles de proscritos nazis a América del Sur y otras partes del mundo es un hecho sobradamente documentado en el que se sabe que la Santa Sede tomó parte activa. Personajes tan siniestros como Pavelic, Klaus Barbie,Eisman o Joseph Mengele partieron al exilio haciendo escala previa en el Vaticano.

La posibilidad de una Croacia yugoslava se acrecentaba con el triunfo de los aliados en la II Guerrea Mundial por lo que mucho de los ustachis, que eran una especie de sicarios de origen croata al servicio de los nazis, temian ser enjuiciados y condenados. En auxilio de estos asesinos de judíos, testigos de Jehová y otras denominaciones se puso el Obispo Alois Hudal miembro del partido nazi y protagonista de que lo se ha denominado por los servicios de inteligencia norteamericanos como la Ratlines o Ruta de las ratas toda una red de artilugios para cobijar a los villanos y salvarlos del peso de la justicia.

No es mi objetivo profundizar en las causas de la actitud de la Iglesia ante tales hechos pero hagamos un alto, en el que les propongo un ejemplo, vean y jusguen ustedes mismos:

A finales de abril de 1945, Ante Pavelic militar y político croata, líder de los ustachis ordenó que fueran llevados al Monasterio franciscano de Zagreb treinta y seis cofres con joyas y dientes de oro, principalmente requisado a las víctimas de las matanzas de serbios, judíos y gitanos que se realizaron en Croacia bajo el dominio nazi.

Según narran los historiadores los monjes escondieron el tesoro primero en una cripta debajo del altar mayor y, más tarde, en un agujero excavado bajo los confesionarios, donde permaneció hasta que fue recuperado por las tropas del mariscal Tito.
Los estadounidenses siguieron al escurridizo Pavelic para hacerle pagar sus crímenes, pero decidieron no actuar por deferencia hacia la Santa Sede. Los agentes de la contrainteligencia militar encargados del asunto así lo aclaraban en un informe en el decían:
“Los actuales contactos de Pavelic son a tan alto nivel, y su presente situación tan comprometedora para el Vaticano, que su extradición podría suponer un problema para la Iglesia católica”
Más o menos por aquellas fechas, el padre Draganovic, secretario de la Confraternidad croata de San Girolamo, que formaba parte de la Pontificia Obra de Asistencia creada por Pío XII, una institución del Vaticano en Roma, recibía desde Croacia más de cuatrocientos kilos de oro que debían ser empleados -en la obra de asistencia y cuidado pastoral de los prófugos de Croacia-. Dicho de otra forma, para ayudar a los antiguos ustashis a escapar de las autoridades aliadas en general y de los partisanos de Tito en particular.

Todo parece indicar que los móviles de la Iglesia para proteger a estos ustachis, no eran propiamente humanitarios si no más bien monetarios.

Continuando con los hechos. Parte de la “operación caritativa” de Draganovic —quien, por cierto, era subordinado del subsecretario de Estado Giovanni Battista Montini, que más tarde se convertiría en Pablo VI— consistió en arreglar, personalmente, la salida hacia Argentina de un buen número de criminales de guerra alemanes y croatas. El croata franciscano Draganovic no tenía por aquellos días un expediente demasiado limpio, ya que había sido oficial ustashi y había realizado conversiones forzosas de serbios. En 1943 Draganovic dejó atrás su agitada vida como ustashi y se incorporó al Vaticano. Así que no es de extrañar que mostrase cierto interés por salvar a sus antiguos camaradas.


Hubo un momento en el que no menos de treinta antiguos ustashi, incluyendo al propio sacerdote Draganovic, se congregaron en el seminario de San Jerónimo (San Girolamo de Croacia), cinco de los cuales, incluyendo a un sacerdote, estaban en la lista de los criminales de guerra más buscados." Otros se encontraban refugiados en diferentes instituciones católicas, como el Instituto Oriental. Existen, de hecho, informes confidenciales de los servicios de inteligencia estadounidenses de la época en los que, sin ambages, se califica el seminario de San Jerónimo como cuartel general de lo que quedaba de los ustashi. Los servicios secretos aliados no podían hacer nada, ya que San Girolamo, a pesar de encontrarse fuera de las murallas del Vaticano, tenía estatus de territorio de la Santa Sede.

El huésped más ilustre de San Jerónimo fue Klaus Barbie, El Carnicero de Lyón, que le fue entregado a Draganovic en la estación de trenes de Genova Draganovic obtuvo documentos de la Cruz Roja con apellido falso para él y su familia. Barbie y otros nazis se embarcaron en Genova, en marzo de 1951, con destino a Buenos Aires, para más tarde trasladarse a Bolivia.

Otros criminales de guerra que obtuvieron refugio tras los muros del Vaticano fueron Franz Stangí, comandante del campo de exterminio de Treblinka (Polonia), Eduard Roschmann, El Carnicero de Riga, el general de las SS Walter Rauff, inventor de la cámara de gas portátil, Gustav Wagner, comandante del campo de Soribibor, y, sobre todo, el doctor Joseph Mengele, el Ángel de la Muerte del campo de Auschwitz.

“AL gran trabajo apostólico” del padre Draganovic hay que sumar su colaboración con el gobierno argentino para posibilitar la llegada a ese país de los técnicos que el diseñador alemán Kurt Tank necesitaba para la fábrica de aviones de Córdoba. Estos también recibieron pasaportes de la Cruz Roja y fueron alojados en el convento de monjas Centocelle hasta que tomaron un avión de la Flota Aérea Mercante Argentina con destino a Buenos Aires. A modo de curiosidad, diremos que aquellos refugiados que estuvieron escondiéndose en conventos de religiosas lo hicieron, en su mayoría, disfrazados de monjas. Tanto es así que en diversos conventos se pudo comprobar un súbito aumento en el número de hermanas, muchas de ellas con graves problemas hormonales a juzgar por lo rudo de su voz y sus ademanes, así como por su vello facial. Sin embargo, este grupo llevaba consigo un regalo “sorpresa”: ni más ni menos que el criminal de guerra Gerhard Bohne, encargado del programa de eutanasia del Reich.

Existen documentos argentinos que demuestran que en 1946 monseñor Giovanni Battista Montini contactó, al menos en dos ocasiones, con el embajador argentino ante la Santa Sede. En la segunda oportunidad, le transmitió la preocupación del papa por «todos los católicos impedidos de regresar a sus hogares debido a las probabilidades de ser objeto de persecuciones políticas», proponiendo la elaboración de un plan de acción conjunta entre Argentina y la Santa Sede. En ninguno de estos documentos existen referencias específicas sobre la exclusión de dicho plan de los responsables de crímenes de guerra.

Otro de los personajes importantes de esta trama fue el obispo austríaco Alois Hudal (del que ya habíamos hecho mención al inicio), que en 1948 escribió a Juan Domingo Perón pidiéndole cinco mil visados para soldados alemanes y austríacos. Se cuenta la anécdota de que durante una celebración navideña en 1947, Hudal dijo a un grupo de unos doscientos fugitivos nazis ocultos bajo su protección en el Vaticano: “Pueden confiar en que la policía no les encontrará: no es la primera vez que la gente se oculta en las catacumbas de Roma”.

El mecanismo para obtener visados funcionaba de manera simple: la dirección de migraciones argentina otorgaba un permiso de desembarco bajo un nombre supuesto al solicitante, con el que el prófugo obtenía de la Cruz Roja un “documento de viaje”. Luego, no había más que solicitar un visado en el consulado argentino y someterse a una certificación de identidad al llegar a Buenos Aires. En 1949 Juan Domingo Perón decidió que ni tan siquiera había por qué preocuparse de las apariencias y aprobó una amnistía mediante la cual aquellos que ingresaron con nombre falso en el país podían recuperar su identidad. Gracias a ello, los fugitivos más buscados del mundo lograron iniciar una nueva vida libre de preocupaciones. Entre estos criminales de guerra estaba Erich Priebke, miembro de las SS en Roma, acusado de la matanza de 335 personas en las Fosas Ardeatinas, que escapó bajo un nombre falso, recuperó su identidad en 1949 y vivió como ciudadano modelo en Bariloche, hasta que un equipo de la televisión norteamericana lo descubrió en 1995, precipitando su extradición a Italia.

Fue durante este proceso cuando entró en escena Licio Gelli, uno de los personajes clave en los manejos menos confesables del Vaticano durante la segunda mitad del siglo XX. Gelli tenía el perfil ideal para participar en la operación de exportación de nazis, ya que no sólo había sido oficial de enlace con la División SS Hermann Góring, sino que además contaba con múltiples contactos en la mafia, muy útiles a la hora de sacar a un hombre de Italia burlando la curiosidad de las autoridades o proveerle de toda clase de documentación falsa.16 Hay indicios de que Gelli pudo actuar en esa época como enlace entre los elementos italianos de las ratlines y ODESSA y Die Spinne (La araña), las dos organizaciones clandestinas de antiguos nazis que gestionaban la fuga y recolocación de criminales de guerra.

Espero que tanto Nicolás como el resto de los que alcancen a leer mis husmeos en la historia puedan comprobar que los 2000 y mas años de la Iglesia y su jerarquía no necesariamente avalan una trayectoria inmaculada. No obstante soy de los que considera que no se pueden mezclar la fe y el amor a Dios nuestro señor con los interese mezquinos de la “Real Politik” eclesiástica por que la primera es el simiente de nuestras vidas en Jesús mientras la segunda, es solo hipocresía y falsedad.

Cuba es más pero mucho más
Ángel Drag.
Ad.

Fuentes citadas:(Entre otras).
-Manhattan, Avro The Vatican olocaust, op. cit.
-Goñi, Uki, La auténtica Odessa. La fuga nazi a la Argentina de Perón,Paidós,Barcelona,2002.
-Supreme Allied HQ to 6th and 12th Army Groups. Apprehension of Croat Quislings», 5 de junio de 1945. Documento desclasificado del US.Army

-U.S. Army Counter Intelligence Corps. Destacamento en Roma. 12 de septiembre de 1947. Caso número 5650-A.

-Dorril, Stephen, MI6; Inside the Covert Word of Her Majesty's Secret Intelligence Service, Touchstone, Nueva York, 2000.
- «¿Adonde fue a parar el oro de los croatas? Fuentes vaticanas acusan a Estados Unidos de superficialidad histórica». Agencia Zenit,5-junio-1998.

-Loftus, John y Aarons, Mark, The Secret War against the Jews: How Western Espionage Betrayed the jewish People, St. Martin's Griffin, Nueva York, 1997.

-Headden, Susan, Hawkins, Daña y Rest, Jason, «A vow oí silence», U. S. News and Worid Report, 30 de marzo de 1998.

-Cockburn, Alexander y St. Clair, Jeffrey, Whiteout: The CÍA, Drugs and the Press, Verso, Londres, 1998.

- Phayer, John Michael, The Catholic Church and the Holocaust, 1930-1965, Indiana University Press, Bloomington, 2000.

-«Rome Área Allied Command to the CIC», 8 de agosto de 1945. Documento desclasificado del Ejército estadounidense

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