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viernes, 5 de marzo de 2010

Carta abierta de Reyna Luisa Tamayo Danger a Raúl Castro

Directorio Democrático Cubano.

El Directorio difunde esta carta emitida por Reyna Luisa Tamayo Danger, madre del prisionero de conciencia cubano asesinado Orlando Zapata Tamayo:

Banes, 3 de marzo de 2010

Señor General de Ejercito Raúl Castro Ruz
Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba

Mi nombre es Reyna Luisa Tamayo Danger, madre del fallecido Orlando Zapata Tamayo.

Como todos conocen, en los días pasados el gobierno que usted preside ha dado por la televisión nacional puntos de vista parciales sobre el desenlace de la muerte de mi hijo, también los esfuerzos supuestos que hicieron los médicos cubanos para salvar la vida de Zapata.

Tengo la necesidad de responderle y exigirle a usted futuros procedimientos para que se esclarezca la realidad de los hechos. Con dolor profundo observo los métodos usados por el gobierno cubano para minimizar la muerte de mi hijo y desacreditar moralmente a quien fue un opositor al régimen comunista de La Habana.

Primeramente, se publicó en el Granma el 27 de febrero de 2010 un titular que decía: “¿Para quién la muerte es útil?” donde se intenta apartar el verdadero motivo que llevó a mi hijo a la huelga de hambre, subvalorando el papel de sus hermanos de lucha y acusando a los Estados Unidos como responsable de la muerte de Zapata. ¿Por qué el gobierno cubano no se ha dignado a explicar las causas originales de su protesta?

Orlando Zapata Tamayo inició su huelga el 3 de diciembre cuando fue trasladado para la prisión de Camagüey y no el día 8 como refieren los medios de la televisión nacional. Anteriormente, había recibido golpes que le dejaron marcas en su cuerpo que trajeron consigo una intervención quirúrgica en el cerebro debido a un hematoma, producto a un golpe con tonfa, del cual no se pudo recuperar. Personalmente vi las secuelas de los golpes dados por los militares en la prisión de Holguín, ocurrido el 2 de diciembre de 2009, un día antes del traslado a la prisión de máxima severidad de Kilo 8 en Camagüey.

Cuando llegó a la prisión de Kilo 8, las autoridades carcelarias le retiraron sus pertenencias y la jaba con los alimentos que había recibido en la visita del día anterior. Le dijeron que debía ponerse el uniforme de reo común e impusieron que tenía que comerse la comida del penal, algo que contradecía los principios de Zapata, quien nunca había usado el uniforme de preso y jamás ingirió alimento de los distintos centros penitenciarios por los que transitó, haciendo uso solamente del agua del penal, y consumía los alimentos que le llevábamos los familiares. En estos momentos es que, solicitando y protestando por tratos inhumanos, le fueron añadiendo años a su condena hasta sumar 57 años y seis meses.

De todos estos años de sanción decidieron realizarle una conjunta que quedó fijada en 25 años ignorando los casi siete años cumplidos desde el 2003 cuando fue encarcelado.

A mi hijo lo forzaron prácticamente a realizar una huelga fatal.

Usted y su hermano han hablado siempre de los ideales por los que se lucha. Zapata Tamayo fue digno hasta la muerte por sus convicciones y por la forma de defender sus ideales.

Las demandas de Zapata eran negociables. Pero el curso de los acontecimientos demostraron que el destino de mi hijo ya estaba trazado por las autoridades.

Mi hijo estuvo un mes y tres días en una celda de la prisión de Kilo 8, tirado en el piso, ordenado por el Jefe de la Prisión Coronel Filiberto Hernández Luis suspendiéndole el agua durante 18 días, represalia por la cual a nuestro juicio fue lo que llevó a un desenlace fatal.

El día 6 de enero del 2010 lo trasladaron al hospital de Camaguey Amalia Simoni, horas más tarde lo regresaron al penal, ubicándolo en la enfermería donde lo llevaron por dos veces en estado grave. Allí le pasaron video y le tomaron fotos, demostrando claramente la elaboración de un plan bien pensado.

Posteriormente el 18 de enero de 2010, lo trasladan de nuevo para el Hospital Amalia Simoni. El 6 de febrero lo pasaron para un cuarto improvisado mal llamado de “terapia intensiva,” el cual no tenía agua y yo tenía que atravesar tres rejas para verlo. Tampoco existían equipos de primeros auxilios. Para colmo, el cuarto tenía un aire acondicionado que solo se apagaba cuando bañaba a mi hijo. Zapata pasó frío aquí. Contrajo neumonía.

A Zapata lo trasladan para la prisión Combinado del Este en La Habana el 16 de febrero de 2010. Lo depositaron en el hospital de la prisión y por primera vez lo entubaron.

A mí se me dijo siempre que la presión arterial de mi hijo estaba cada día mejor. El día 23 de febrero, en las últimas horas, lo llevaron para el hospital Hermanos Ameijeiras. En la noche del 22 ocurrió la conversación que el gobierno ha hecho famosa por la televisión y que filmaron sin mi consentimiento, o sea, con una cámara oculta.

En una ocasión, el oficial de la Seguridad del Estado de apellido Tamayo me preguntó delante de mi otro hijo Rogelio Zapata: “si ocurriera un desenlace fatal, ¿qué usted haría con el cadáver?” Mi hijo aún vivía, una clara manifestación de lo que las autoridades habían determinado: la muerte de Zapata. Ya todos saben que el día 23 de febrero de 2010 a las 3:15 PM murió mi hijo.

Sr. Raúl Castro Ruz: No creo que el gobierno hizo lo posible para salvar a Orlando Zapata Tamayo y las imágenes tomadas con antelación revelan la complicidad de este asesinato.

Muchos fueron los intentos que se hicieron para que usted decidiera a favor de la vida de mi hijo.

El 25 de diciembre de 2009 en Holguín, compatriotas de Zapata se plantaron para que el mundo conociera de la lucha justa de mi hijo.

El 16 de enero de 2010 en la propia vivienda de Orlando Zapata Tamayo en la provincia de Holguín se plantaron junto a los familiares un grupo de opositores hasta el día 21 del propio mes, protestando sobre el crítico estado de mi hijo, donde su madre efectuó un ayuno también en esos días para poderlo ver.

El 3 de febrero, otros jóvenes se lanzaron a las calles de Camagüey para que también conociera usted sobre Zapata. El Ministerio de Justicia de Camagüey rechazó mi presencia y la Fiscalía General de la República ignoró mi pedido.

En La Habana también se hicieron esfuerzos para salvar la vida de mi hijo. La prensa internacional era una vía más a las súplicas de muchos cubanos para salvar a mi hijo y el gobierno hizo caso omiso. Ustedes hubieran podido impedir esa muerte tan dolorosa para mí.

Las filmaciones mostradas por la televisión nacional son reflejos de que el gobierno se preparó para enfrentar a la opinión pública internacional. Las explicaciones de los médicos fueron puramente técnicas y solamente en las últimas horas mostraron preocupación por el estado de salud de Zapata, cuando ya no había nada que hacer.

Hasta este momento, no tengo la certificación de la defunción de mi hijo

Sr. Raúl Castro Ruz: por las consecuencias derivadas en donde su gobierno pone en tela de juicio la actitud de la familia de Zapata y la integridad moral de mi hijo, solicito:

Que se abra un proceso investigatorio sobre las causas originales de la huelga de mi hijo, así como también que se haga una exhumación de los restos de mi hijo donde participe un equipo de médicos internacionales para que de manera transparente quede al descubierto toda verdadera razón por la que murió mi hijo, teniendo en cuenta que el cuerpo y la vida de Zapata quedaron solamente en las manos de los que quisieron verlo muerto.

Dios quiera, mi hijo repose en paz y que me dé las fuerzas para continuar lo que evidentemente se ha levantado, una batalla por la justicia y por la gloria de Orlando Zapata Tamayo.

Firmado,

Reyna Luisa Tamayo Danger

jueves, 4 de marzo de 2010

miércoles, 3 de marzo de 2010

URGENTE:Hospitalizado Guillermo Fariñas, en huelga de hambre

Trasladado de urgencia al hospital periodista independiente cubano en huelga de hambre

Guillermo Fariñas, periodista independiente cubano en huelga de hambre.

(Radio Martí) - El activista cubano Guillermo Fariñas, en huelga de hambre y sed desde hace ocho días, sufrió este miércoles un desmayo y fue trasladado a un hospital, informó telefónicamente a Radio Martí su portavoz, Lisset Zamora.

Zamora dijo que el periodista independiente perdió el conocimiento por lo que decidieron trasladarlo al hospital provincial Arnaldo Milián.
La vocera agregó desde Santa Clara, que el desmayo lo provocó una hipoglicemia y que le dio un fuerte dolor en el pecho.
Fariñas, de 48 años y sicólogo de profesión, comenzó su huelga el 24 de febrero, un día después de la muerte del preso político Orlando Zapata.
Médicos y personas cercanas han informado con anterioridad que su estado físico empeoraba con los días debido a la deshidratación y la falta de alimentos.
La periodista independiente, Liccette Zamora Carrandi, informa.

martes, 2 de marzo de 2010

ESTA ES LA REVOLUCION CASTRISTA

UNA IMAGEN VALE MAS QUE MIL PALABRAS

Muertos del hospital siquiatrico en Cuba

PROHIBIDO OLVIDAR

domingo, 28 de febrero de 2010

Un viaje lento del desconsuelo a la muerte


Generación Y

El cuerpo enflaquece, la mente se va y los miembros inferiores comienzan a hincharse. Una huelga de hambre hace que la existencia se escape poco a poco, hasta que se desdibuja el rostro de la madre sentada frente a la cama y pierde fuerza el rayo de luz que entra por la ventana. Durante 86 días Orlando Zapata Tamayo transitó del desconsuelo a la muerte. Se fue apagando, con una voluntad que ha dejado consternados a los amigos y molestos a sus opresores. Acostumbrados a disponer de su cuerpo y del herrumbroso cerrojo de su calabozo, los carceleros sienten ahora que este hombre de 42 años se les ha ido por la única salida que ellos no pueden controlar: la muerte.

Juzgado a la velocidad del vértigo en marzo de 2003, Zapata Tamayo fue víctima de aquel escarmiento --conocido como la Primavera Negra-- que el gobierno cubano quiso darle a la oposición. Era fundador del partido Alternativa Republicana y activista frecuente a la hora de demandar la liberación de sus compañeros de causa. Después de su llegada a prisión lo condenaron en nueve juicios sumarios a penas que llegaron hasta los 56 años. Un gesto ``magnánimo'' los redujo a 25 largos veranos tras las rejas. Todo esto fue dictaminado en tribunales que parecían obedecer más a códigos militares que civiles. Después llegó la soledad de una celda tapiada, los malos tratos, las palizas y con ello terminó la ilusión de que un preso no condenado a muerte tiene derecho a que le respeten la vida.

Al cancelarse la visita a Cuba del relator de las Naciones Unidas contra la tortura, terminó para muchos la esperanza de ser rescatados de los malos tratos en los penales. Aprovechándose de su impunidad, los guardas metieron a Orlando en un espacio breve, donde tenía que compartir el suelo con las ratas y las cucarachas. Le gritaban por la rendija de una puerta de hierro que no iba a salirse con la suya, pues en una prisión revolucionaria un preso político equivale a los gorgojos que acompañan --permanentemente-- al arroz. Se resistió a ponerse el uniforme de presidiario y eso le trajo otra andanada de golpes y el punzante castigo de reducirle las visitas de sus familiares. Cuando abrieron el sitio donde lo habían enterrado vivo, ya el daño era irreversible y la culpa salpicaba hasta la mismísima silla del actual presidente cubano.

A Zapata Tamayo no lo mató la huelga de hambre, sino el sombrío oficial que lo encerró en aquel hoyo y el director de la prisión Kilo 8 en Camagüey que ordenó su castigo. Contribuyeron también a su deceso las manos enfundadas en guantes de látex que prefirieron mantener el empleo en el hospital antes que denunciar el estado maltrecho al que habían dejado llegar su cuerpo. La máxima responsabilidad de su final la tiene un gobierno que prefirió mostrarse intransigente y enérgico antes que proveerle de ciertas mejorías en su vida carcelaria. Para confirmarnos en esa idea, un día después de ocurrida la muerte, Raúl Castro perdió la oportunidad de acortar la distancia entre lamentar su deceso y pedirle disculpas a sus familiares. Con sus breves palabras exentas de autocrítica, nos corroboró lo que muchos sospechábamos desde el principio, que el general no era ajeno al maltrato, la dejadez y el terror que terminaron con Orlando.

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